Cualquiera puede pensar que tener un hijo superdotado es garantía de éxito. No siempre es así. Las personas con altas capacidades intelectuales pueden sufrir de niños la incomprensión de su familia, la falta de recursos del profesor, el rechazo de sus compañeros, la ausencia de amigos con los que compartir juego y acabar abocados al fracaso más estrepitoso.
Nadie sabe cuántos escolares se encuentran con un coeficiente intelectual superior a 130, tan sólo hay aproximaciones, y ésta es una de las pocas cuestiones en la que los especialistas están de acuerdo.
"Se estima que son un 2% de la población escolar, sin embargo, es un tema que se suele enmascarar bajo diferentes tipologías de conducta y nadie puede decir, con ciertos niveles de garantía, cuántos niños superdotados hay", (AVAST).
Sobre cómo abordar la cuestión ya existen discrepancias entre quienes apuestan por reivindicar un trato específico para estos niños y quienes, en sentido opuesto, consideran más positivo llevar el proceso de aprendizaje con total discreción.
Diagnóstico, estimulación y refuerzo-gratificación, son los tres pasos a seguir cuando se trata de abordar el aprendizaje y socialización de un niño con altas capacidades, señalan los psicólogos
"Estos niños son los que pueden mover la investigación, tanto en la vertiente científica como humanística, si no pierden el talento por falta de atención y se desmotivan por completo porque no compaginan el ritmo de clase", añaden los expertos.
Cada caso es individual y puede generar ansiedad, inquietud y derivar en problemas. "Es una idea equivocada que los superdotados no necesitan ayuda y que por sí solos son capaces" (Avast)
Los padres tienen derecho a exigir esa atención educativa adecuada al talento del niño. En este punto la legislación debe contemplar este problema.
La angustia y la desorientación de las familias es una de las notas comunes cuando se produce una situación de estas características. "Las instituciones educativas no siempre disponen de medios que les capaciten para detectar a estos niños que presentan un rico vocabulario y un buen dominio del lenguaje oral, mientras que la escritura es muy deficitaria", destacan los psicólogos.
La base genética está presente en los niños superdotados, pero luego hay formas de desarrollo diferentes para que afloren esas capacidades.
"A partir de los 3 ó 4 años es cuando se puede diagnosticar a un niño. En muchas ocasiones los desajustes entre su nivel y la etapa de la enseñanza hace que se les etiquete como fracasados. Sus inquietudes y necesidades no son coincidentes con lo que se les ofrece, lo que les aboca al aburrimiento y a rechazar el estudio", indican.
Mientras éstas recomiendan a los padres que insistan en los institutos cuando detecten algún síntoma en sus hijos, aconseja a los padres "no obsesionarse, procurar que los niños jueguen de acuerdo a su edad porque primero han de ser personas y después superdotados, y también buscar, sólo en casos de conflicto, atención especializada".
Son muchos los riesgos que se ciernen, como puede ser confundir talentoso con superdotado, así como el distanciamiento de su grupo de iguales, la presión social que estos niños reciben y la desadaptación que pueden llegar a sufrir.
"Suelen tener interés por los temas de ciencias ya que quieren entender el por qué de las cosas y tienen mucha creatividad, este último aspecto es muy importante que se sepa desarrollar", añaden.
Sin embargo, insiste en que es mejor que estos niños pasen desapercibidos y no recomienda ningún cambio en sus hábitos y en clase antes de los tres años. "El nivel de presión puede desorientarles y es peligroso porque tienen una personalidad muy marcada y comportamientos desafiantes. Hay que mantenerles el equilibrio emocional" Más información:
Asociación Valenciana de Apoyo al Superdotado y Talentoso Confederación Española de Asociaciones de Altas Capacidades
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