¿Si todos los cantantes tienen su canción preferida, porqué las mamás no podemos tener una? ¿eh!!!? ¿Solo porque Shakira mueve las caderas y deleita ojos y oídos con su escala musical?, y yo... bueno... digamos que le pongo cariño pero no canto tan tan bien... ¿eh? estem...
Pensándolo bien, el hecho de que mi niño me haya dicho ¡no cantes más, mamá! me tendría que dar la respuesta sola, pero... bueno, la cuestión es que tengo mi canción de cuna preferida. La mía, no la de mi niño.
Entoooonces, ahí andaba yo por la vida, viendo a ver si encontraba cuál era la melodía correcta para cantarla pues sólo tenía la letra hasta que un compasivo visitante de este blog, me acercó el dato de que la cantaba Paco Ibañez.
De ahí, a encontrarla en Youtube, fue solo un paso. En solo dos vídeos, pasé del suspiro tierno a la horripilante sensación de escuchar la tiza rayando la pizarra...
A falta de hermanos menores, me estrené en el maravilloso mundo de las canciones de cuna con mis sobrinos Florencia y Emilio.
Seamos honestos: como cantante yo era una buena cuentista... y de cuentos infantiles sólo sabía uno.
Cuando se aburrieron de que les cantara el arrorró, tuve que innovar y así buscando recuerdo que leí la letra de una linda canción: "La del lobito bueno" como le llamaban ellos. Venía siempre una rutina casi igual de Arroró + Lobito Bueno + Señora Santana. En este punto se me acababan las canciones de cuna, pero no las ganas de estar despiertos de los niños, con lo cual el disco continuaba con ... Cuando comenzamos a nacer de Sui Generis + Como un jazmín del país de W. Benavidez y en general terminaba con La niña de Guatemala, en la versión de Los Olimareños.
Nooo, si versátil yo siempre fui... por falta de canciones no iba a ser....
Cuestión que cuando me tocó ser madre, volví a la misma disyuntiva y recordé que casi no sabía ninguna canción de cuna nueva. En estos terminos he llegado a horizontes realmente inexplorados de mi creatividad. A pedido de Joaquín he improvisado canciones a la puerta, a la montaña alta, a la lamparita de la luz, a las rejas de la cuna... y así puedo seguir toda la noche.
Un señor muy gordo se me cayó encima de la espalda y me aplasto, ves mama? acá me aplasto el señor muy grande - me dice Juaco mientras se señala las lumbares, un jueves a las 4 de la mañana al consolarlo porque -de nuevo- se despertó llorando.
A la mañana le hago la pregunta de todas las mañanas ¿dormiste bien? ¿que soñaste? y me cuenta nuevamente del señor muy gordo aplastador de lumbares. Me cuenta ke vino el sueño y lo aplastó. Juaco tiene ahora vinculado el concepto de "sueño" con la pesadilla que soñó esa noche.