Cualquiera puede pensar que tener un hijo superdotado es garantía de éxito. No siempre es así. Las personas con altas capacidades intelectuales pueden sufrir de niños la incomprensión de su familia, la falta de recursos del profesor, el rechazo de sus compañeros, la ausencia de amigos con los que compartir juego y acabar abocados al fracaso más estrepitoso.
Nadie sabe cuántos escolares se encuentran con un coeficiente intelectual superior a 130, tan sólo hay aproximaciones, y ésta es una de las pocas cuestiones en la que los especialistas están de acuerdo.
"Se estima que son un 2% de la población escolar, sin embargo, es un tema que se suele enmascarar bajo diferentes tipologías de conducta y nadie puede decir, con ciertos niveles de garantía, cuántos niños superdotados hay", (AVAST).
Sobre cómo abordar la cuestión ya existen discrepancias entre quienes apuestan por reivindicar un trato específico para estos niños y quienes, en sentido opuesto, consideran más positivo llevar el proceso de aprendizaje con total discreción.
Diagnóstico, estimulación y refuerzo-gratificación, son los tres pasos a seguir cuando se trata de abordar el aprendizaje y socialización de un niño con altas capacidades, señalan los psicólogos
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